Topología de lo doméstico

por Mirena Muñoz

 

Muestra: Mi mundo es todo el mundo de Geli González*

Fragmento tenaz

¿En qué pasta poética devienen habituales materiales cotidianos?

Fragmentos de posibles paredes, pilares, umbrales y partes extrañas e indefinibles de una construcción propia, como una casa han sido mutados, re-orbitados; sus hierros estructurales despojados de previas funciones. ¿Qué sostienen en su traslado a la intemperie? ¿Qué ha permanecido?

El desplazamiento tuerce, dobla y deforma las placas de un mundo que pervive, tenaz en el deseo.

 

Pintura de proximidad

Al recorrer la muestra “Mi mundo es todo el mundo” resuenan ecos de obras anteriores de Geli González. Lo que ha permanecido en el tiempo bajo diferentes torsiones y formatos: lo doméstico, la casa, su celebratorio cuestionamiento, la pintura, lo líquido derramado, chorreado y evaporado, fluyendo en la superficie de los días, los objetos cotidianos, lo próximo imposible, lo extraño reconocido, el azar, pasajes del blanco al negro (la misma muestra propone un pasaje de la luz a la penumbra y viceversa) acciones de un cuerpo donde arte y vida están entrelazados.

Las pinturas de la sala en penumbra son rescatadas de otro tiempo. Sus agujeros y marcas, testimonian vida que se fusiona con el resto de la muestra. El gesto poético de aproximar dimensiones.

La historia de una obra se manifiesta a través de lo que resuena y permanece con la fuerza de una verdad.

 

Topología de lo doméstico

En el umbral de la sala hay una casa-tienda, entre el adentro y el afuera del espacio que la contiene. Para pasar al “interior” hay que salir y entrar para su “exterior”.

Casa-tienda-hospital de emergencia hecha de lienzo, nudo, lazo y agujero: materia translúcida y abierta que habilita un vínculo entre el “adentro” y el “afuera” e invita a una mirada que recorra la casa como en una cinta de Möbius donde la continuidad ha disuelto el adentro y el afuera.

Pequeños fragmentos de cerámica dispuestos sobre mesas asépticas remiten a cuencos, platos, objetos cotidianos, legados de un torbellino doméstico que ha peregrinado hasta ser obra. Esa es la operación que lleva a cabo Geli González: patentiza lo escurridizo de lo cotidiano. Lo que emerge con sus agujeros, quiebres, extrañezas. Ensaya modos de “obrar” con aquello que persiste a través de la memoria de los días. Rescata en intimidad roturas de lo doméstico e interviene traduciéndolas en acción, pintura, fragmento, rayo, que reincorpora a su mundo-vida-obra y lo comparte haciéndolo así parte del mundo de todos, que es su mundo.

 

El rayo que no cesa de no caer

Irrumpiendo como un poderoso rayo que agujerea el espacio, un caño de metal ha atravesado el techo de la sala.

Una exterioridad transformando profundamente una interioridad.

Los escombros dispersos  en el piso y el agujero del techo no parecen corresponderse, coincidir entre sí. Quizá proceden de diversos tiempos o dimensiones de una vida que congrega extrañados testimonios.

Cuando el habitar es transformado por la irrupción de la exterioridad entonces un mundo puede ser todo el mundo. De este modo la obra de Geli González invita a habitar esa posible continuidad.

 

Mirena Muñoz

 

 

*Muestra en el MUNT del 15/3/18 al 3/6/18
** Texto publicado en el diario LaNota 24/5/18

 

Geli González . Mirena Muñoz: fragmento tenaz
Fotografía: (internet)
Foto: Jaramillo – La Gaceta

 

 

Geli González - El rayo que no cesa de caer
Fotografía: Jaramillo – La Gaceta
Geli González - Mirena Muñoz
Foto: subida a la web del MUNT